Dicen por ahí, citando a Marx, que
cuando una nación entera se avergüenza
es león que se agazapa para atacar.
Miguel Ángel fabricante de
ciudadanos.
E. S. / Homenaje a Granados Chapa
CU, México, jueves 4 de septiembre 2008
Eduardo Suárez
Ciudad Universitaria, México,
jueves 4 de septiembre, 2008
Un gran abrazo para Miguel Ángel. Buena
ocasión para que atendamos brevemente al
problema de la insuficiencia o —de
plano— falta de nuevos comunicadores en
activo. Me refiero no a la gente
mercenaria y con disfraz sino a muchos
comunicadores con conciencia y sentido
de compromiso social, indispensables
para la construcción de ese otro México
que, según sabemos, es posible. Pero el
cual para ser construido necesita antes
de ciudadanos informados, llenos de
determinación, resueltos y organizados.
René Arteaga, don Jesús Blancornelas,
Manlio Tirado, Manú Dornbierer, Jaime
"El Manotas" (ese del viejo Excélsior,
el de Scherer), Manuel Vázquez
Montalbán, el José Carreño Carlón de los
heróicos años de la sección
internacional de El Día, Federico Fasano,
Luis Javier Solana Morales... con muchos
de ellos felizmente me ha tocado
trabajar como reportero o como un
sencillo redactor de prensa (ya
cumpliendo sus órdenes en un medio
escrito o electrónico, ya como
compañeros de trabajo en equis o zeta
redacción).
A otros (como Renato Leduc o Juan Rejano
o don Francisco Martínez de la Vega, por
ejemplo) tuve la oportunidad de
observarlos de cerca, muy de cerca,
también para admirar su trabajo y tratar
de aprender de ellos. De su impecable
arte periodístico pero, por sobre todas
las cosas, de su ejemplar línea de
conducta como seres humanos. De la
valentía y la ética que los guió o los
sigue guiando en su rol como
comunicadores. De su generosidad.
Dicen por ahí, citando a Marx, que
cuando una nación entera se avergüenza
es león que se agazapa para atacar. La
verdad es que aunque entre nosotros
abundan —y no es casual— los ejemplos de
esos a quienes pudiéramos llamar con
justicia buenos seguidores o alumnos de
un Renato Leduc, un Francisco Martínez
de la Vega, un Manuel Buendía
Tellezgirón, un René Arteaga o un Manuel
Vázquez Montalbán, tales botones de
muestra aún no han logrado sembrar su
semilla entre las nuevas generaciones de
periodistas, entre los comunicadores más
jóvenes de hoy.
No, al menos en la misma medida en que
lo está requiriendo la Nación.
Aunque el obstáculo principal se halle,
más que a su alcance, a las afueras de
su ámbito, ni Pepe Reveles ni Paco
Ignacio Taibo II ni Arturo Cano ni
Víctor Ronquillo ni Cristina Pacheco, ni
Miguel Ángel Granados Chapa —cómo no, a
quien hoy aquí y sin ser solemnes le
rendimos un homenaje que es
merecidísimo— tienen, entre los más
jóvenes, los suficientes discípulos que
emulen y no dejen que se extinga la
llama de ese su incansable afán de
fabricantes de ciudadanos.
La mayor parte de los nuevos
comunicadores, sencillamente no son
periodistas. O se han desentendido de
las causas más genuinas y sentidas del
pueblo mexicano (es decir, de su parte
más sufrida y burlada), o se han visto
en la necesidad de huir —con un gran
desperdicio de talento— hacia los
canales de comunicación de cuarta
(usualmente, a sitios de la internet, o
—¡cómo librarnos!— hacia esa prensa
escrita autonombrada prensa militante
pero sin pizca de imaginación, propia de
la Era cuaternaria):
Tratando de darle gusto a su vena
periodística, procurando ejercer como
patriotas, cumpliendo con su compromiso
social y negándose a que los desanime el
hecho de que sus mensajes, emitidos
desde esos sótanos de la marginalidad,
jamás llegarán a ser, pero de veras, de
una gran repercusión entre los
receptores.
Sin embargo, esto y no otra cosa (no
experimentos de escuelita) es lo que
necesitamos ahora y desde hace mucho.
¿Cuándo fue que pasó el 68?
México todavía escasos ciudadanos; no
son suficientes en número, sí en
calidad. Audiencias no en sí sino
participativas, y medios para hacerlas
posibles. Esto es lo que necesitamos con
urgencia para convertir a la sociedad
mexicana, a la Nación, en ese león que
hoy —de una vez, sin marcha atrás y para
toda la vida, sin miedo pero con
inteligencia, sin que caiga en la
frustración ni en las provocaciones, con
constancia y valentía a toda prueba— se
decida a abandonar esa su condición
actual de postración y se agazape.
Si no para atacar, sí desde luego para
que se lance y rescate al menos una
pequeña esperanza de libertad. Esto de
entrada. Porque por si aún no se han
dado cuenta ustedes, compañeros,
seguimos presos y bien presos, y porque
si no lo hacemos, eventos como el que
hoy nos reúne vamos a tenerlos que
multiplicar por mucho en adelante.
Mas ya no para rendir homenaje a uno de
los columnistas que más brillo le han
dado al ejercicio de nuestra profesión,
sino tan sólo para lloriquear y lamernos
las heridas por no haber sido capaces de
marcarle el alto a una cleptocracia
inaudita que en su decadencia imparable
nos quiere arrastrar a todos, a riesgo
de que mañana no podamos ya ni alzar la
vista para dar a nuestros hijos la buena
de un México nuevo y digno.
Trabajemos para ello, compañeros.
Pongámosle un hasta aquí al régimen (que
no ha cambiado). Enfrentemos enseguida
la agresión contra Granados Chapa porque
esta reivindicación no lo es nada más de
Miguel Ángel, sino de todos nosotros.
Y aunque dar esta lucha no nos reportará
ni de lejos la gloria que el homenajeado
merece, permanecer al margen como
idiotas nos impregnará la piel de
oprobio, de vergüenza.
Reconocen en la UNAM labor y trayectoria
de Granados Chapa. México, 4 Sep (Notimex).